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martes, 7 de octubre de 2014

El otro como semejante

Estamos cercanos al 12 de Octubre, día del respeto por la diversidad cultural. Es una buena oportunidad de reflexionar sobre el otro, de trabajar con nuestros alumnos la mirada por el otro como igual, como semejante.



En un contexto como el actual, donde el individualismo reina y el otro muchas veces es visto como un obstáculo, una competencia, es necesaria la reflexión sobre ¿Quién es ese otro? (Bleichmar, 2005).
En la Guía de orientaciones que trabaja sobre la convivencia escolar del Ministerio de la Nación (2010), se plantea la tarea como educadores de generar espacios donde la discriminación, el etiquetamiento y los prejuicios se trabajen en conjunto.
Debemos revisar las prácticas pedagógicas e institucionales donde se pone en juego la mirada del otro, de los diferentes actores de la comunidad educativa, y analizar cuáles son los efectos sobre la subjetividad.
Es nuestro deber como adultos, acompañar a niños y adolescentes en su incorporación en la vida social con los aprendizajes que eso requiere. Se trata de construir un marco en el que el niño pueda ir descubriendo las reglas que le permitan manejarse por sí mismo y permitiendo a los demás hacer lo mismo. (Meirieu, 2007)


"Convivir es hacer y pensar con el otro y no a pesar del otro, y esto implica poder aceptar
distintos puntos de vista, opiniones y formas de vida aunque no estemos de acuerdo con
ellas, reconocer la singularidad de cada persona y respetarla. No sólo se trata de reconocer
las diferencias, sino también de respetarlas y enriquecernos a partir de ellas. Muchas veces se
habla de educar en la diversidad como si se tratara de una cuestión de tolerancia, de enseñar a tolerar a los otros…(...) el desafío de la escuela es ir más allá de eso ya que, como sostiene Bleichmar, la tolerancia supone una suerte de resignación (“me resigno a que haya otros que no son como yo”, “los acepto”) pero en realidad de lo que se trata no es de aceptar “porque no nos queda otra”, sino aceptar porque creemos que la diversidad es parte del mundo y lo vemos como algo valioso."*

*LA CONVIVENCIA EN LA ESCUELA. RECURSOS Y ORIENTACIONES PARA EL TRABAJO EN EL AULA. Ministerio de Educación de la Nación- 2010

jueves, 21 de agosto de 2014

Nuevos adolescentes: Nuestra responsabilidad como adultos

Como docentes y profesionales de la Educación debemos tener en cuenta las particularidades de la adolescencia actual. Que, como bien explica Eva Jungman en su libro "Adolescencia, tutorías y escuela" no hay una única adolescencia, sino que debemos indagar en cada contexto educativo en el que nos encontremos.

Respecto a las particularidades, la autora señala:
  • Contexto actual que ha "adolescentizado" sus ideales. Si bien la brecha generacional ha disminuido, ya no hay una figura adulta en la que sostenerse. Se ven obligados a crear sus propios espacios de afirmación.
  • Están rodeados por una cultura que los exalta y a la vez los estigmatiza; eso lleva a cercar sus territorios frente a un mundo hostil.
  • La realidad actual, frente a cambios científicos y tecnológicos les brinda relaciones más flexibles y dinámicas, y a su vez, la falta de certezas futuras provoca miedo y paraliza.
  • Conviven con una generación adulta en crisis, que los hace enfrentarse a una decepción para proyectar su futuro.
  • Se encuentran con modelos y mensajes contradictorios que generan confusiones y provoca conductas entre el desborde y la inhibición.
  • Son miembros de una sociedad en donde se premia el consumo, valoran el poseer  y buscan a través de ello las formas de identificarse.
  • viven en una era marcada por la rapidez y la necesidad de éxito inmediato, lo que hace que vivan privilegiando el goce, la satisfacción inmediata, y lleva al poco compromiso con proyectos a largo plazo.
  • La cultura globalizada hace que se relacionen con naturalidad ante el mundo pero que también muchas veces les muestra modelos no tan saludables e información fragmentada.
  • Viven ante la tensión de nuevas configuraciones familiares y la familia tradicional aun vigente en el imaginario social.
El gran desafío como adultos es acompañar a los nuevos adolescentes frente a un mundo heterogéneo y cambiante. Se trata de aprovechar las nuevas configuraciones sociales, pero creando lazos con ellos en lo que puedan encontrar una referencia y un apoyo.

Jungman, E. (2007) "Adolescencia, tutorías y escuela. Trabajo participativo y promoción de la salud." Editorial Noveduc. Buenos Aires, Argentina


miércoles, 2 de octubre de 2013

Interesante ejercicio para directivos

Sabemos que las actividades de los directivos son numerosas y variadas. En uno de los Módulos del Seminario "Directivos en Acción" que dicta la Prof. Marisel Panaia en nuestro Instituto se les propone a los directivos realizar interesantes ejercicios para analizar las planificaciones y actividades de los docentes a cargo. Les dejamos una de ellas y los invitamos a ponerlo en práctica.


1.- Leer el siguiente relato.
2.- Realizar la experiencia de preguntar a los alumnos del último año/grado cómo aprendieron  un tema que les parezca importante. (Por lo menos tres)
3.-  Elaborar estrategias de asesoramiento para los docentes que generaron esas experiencias.



El maestro de mi pueblo en la postguerra[1]

“Asistí en una ocasión a una obra de teatro titulada El florido pensil[2]. En ella se reproducían  una serie de escenas de cómo  eran las escuelas de postguerra de los años 1940 y siguientes. En ese año de 1940 yo tenía seis años y asistía a la escuela de mi pueblo. En aquella obra de teatro ser  reproducía con bastante verosimilitud mucho de lo que yo recordaba de mi colegio.
En primer lugar, me llamó la atención que en  la primera escena se veía una pizarra en la que estaba escrita en perfecta caligrafía la frase. “Ahí fuera hay un niño que dice ¡ay!”. Esta  misma frase la había visto escrita en la pizarra de mi clase y tuvo que ser copiada por los alumnos muchas veces. En ella se sintetizaban las tres formas ortográficas del morfema “ay”. Esta misma frase la había visto escrita en la pizarra de mi clase y tuvo que ser copiada por los alumnos muchas veces. En ella se sintetizaban las tres formas ortográficas del morfema “ay”, según sea adverbio (ahí), verbo haber (hay) o interjección (¡ay!).
A partir de este contexto se suceden las demás escenas: el momento en que viene a la escuela el cura párroco del pueblo, el momento en que nos adoctrina el representante del Movimiento nacional, las formas de actuación didáctica de los maestros… En todas ellas, reconocía, desde la lejanía del tiempo, la escuela a la que yo asistí.
Frecuentemente he expuesto  el desarrollo de una clase de entonces. Personificaba mi exposición en un maestro concreto, que se llamaba don Ricardo, el cual no era maestro. Se trataba de un chico del pueblo que había realizado algunos estudios. Posteriormente supe que trabajó como administrativo en el ayuntamiento.
Este señor  entraba en el aula. Todos los niños nos poníamos de pie mientras decíamos “Buenos Días, don Ricardo” Él, mientras  se dirigía a su escritorio, echaba una inquisitiva mirada a los niños y se sentaba. Nosotros  nos sentábamos igualmente, a la voz de: “pueden sentarse”.
El maestro abría “la enciclopedia  - libro escolar en el que se compendiaban todas las asignaturas – y pasaba las hojas hasta que nos ordenaba abrir el libro por la página 50. “El nombre sustantivo”. Decía “Estudien las páginas 50.51 y 52. Dentro  de 30 minutos preguntaré”.
 Se oía  el ruido de las hojas mientras los niños se situaban en las páginas indicadas. Luego se  producía un silencio. El maestro, entonces abría su periódico y leía para sí. De vez en cuando, levantaba la vista por si alguien se desmadraba, en cuyo caso el “reglazo”  era inevitable.
A la media hora nos ordenaba cerrar los libros. Comenzaba a nombrar alumnos, preguntándoles los contenidos  de la lección: “Fulano, qué es nombres sustantivo”
Mengano “clase de sustantivos”…
Y así sucesivamente, Todos agachábamos la cabeza intentando que no se acordara de nosotros. El temor al “Palo” recorría la mente de los niños. Después  de las diversas preguntas y reglazos, indicaba que hiciéramos los ejercicios número 1 a 8 del libro. Y así iba pasando la clase. Hasta la deseada hora del recreo.
Éstos  son los métodos didácticos y formas organizativas de aula – supongo  que habría excepciones- que se practicaba en la escuela de postguerra y que las escenas del teatro corroboraban. Todos aprenden lo mismo, de la misma manera y al mismo tiempo. Por supuesto que para eso no es necesario ser maestro y estudiar una carrera.
Para ejercer en la escuela de hoy se requiere mucha más preparación en conocimientos, habilidades y prácticas de métodos de enseñanza, conocimientos de los mecanismos de aprendizaje y de conducta de los niños, de las formas más eficaces de organizaciones de un aula y de las técnicas grupales. Una escuela  de hoy, que sin duda debe ser una escuela para la diversidad, requiere otras concepciones y otras realidades de ejecución.
Es cierto que la escuela de hoy ha evolucionado y mejorado mucho, pero, tal vez, no tanto como la sociedad requiere y los padres desean. Cuando pregunto a los alumnos universitarios  que describan los métodos con los que ellos aprendieron la lectura, la escritura, el cálculo y las formas de relación convivencia dentro del aula, se constata muchas costumbres  docentes que debieran estar desterradas y modificadas por otras mucho más motivadoras y eficaces.
Sin caer en el error de achacar todos los males de los alumnos maestro, también es cierto que muchos males  actuales (indisciplinas, rebeldías, acoso a compañeros, baja asimilación de contenidos…) podrían rebajarse y, a veces, eliminarse con mejores métodos de actuación pedagógica en las aulas.”




[1] Garrido  Landívar, Jesús (2010) “Las ranas y el efecto Pigmalión. 43 relatos para una escuela y una sociedad inclusivas. Editorial Grao. Barcelona España.

[2] Según el diccionario: Pendiente o colgado en el aire. En sentido figurado jardín delicioso.

Ejercicio extraído del Módulo Nº 2 "¿Qué actividades debe realizar un director cuando lee las planificaciones de sus docentes?"- Seminario "Directivos en Acción" Prof. Marisel Panaia

miércoles, 19 de junio de 2013

Mi primera y última vez en las aulas

En esta oportunidad, queremos acercarles un hermoso texto del maestro, pedagogo, psicólogo Jesús Garrido Landívar que nos invita a reflexionar sobre nuestra práctica como educadores. ¿Qué dejamos y que nos deja esta hermosa experiencia que lleva toda la vida?


Mi primera y última vez en las aulas
"Al iniciarse el mes de septiembre de estos últimos años he comenzado a recordar que mi ciclo laboral
como docente se está completando. En un principio creí que llegaría antes. Ya he cumplido los setenta años.
Pero la universidad en la que trabajo decidió que podía continuar bajo la figura de profesor emérito. De
cualquier forma, soy consciente de que pronto llegaré a la línea que trazará mi último año en las aulas.
Esta realidad me pone ante una nueva situación en mi vida. Sé que estos días que voy recorriendo se
sucederán en fechas próximas de diferente manera. No regentaré un aula. Ese espacio sencillo pero lleno de
riqueza con 50, 60 o 70 o más alumnos, rebosantes de juventud, que te miran, te escuchan, te plantean temas y objeciones y que, a veces, te ponen zancadillas para “cazarte” o ponerte en ridículo, será un nido bullicioso de recuerdos.
Entre los muchos y variados recuerdos que acuden a mi mente en esta circunstancia están los de mi primer curso en las aulas. Entré por primera vez en un aula con niños de nueve años. Se preparaban para el ingreso al bachillerato.Estábamos en 1953. Era el tiempo del franquismo, de la larga postguerra. El tiempo que describe José Luis Garci en su película Tiovivo. El título que encabeza este escrito hace referencia a las dos circunstancias de mi entrada en las aulas como docente: la primera a los 19 años, como maestro, y la segunda, ahora, a los setenta como profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Durante mucho tiempo he vivido, siempre con intensidad, los diversos niveles del sistema educativo: el parvulario, la enseñanza primaria, el bachillerato elemental y superior y, por último la universidad.
Entre las ideas que han guiado y guían mi conducta, hay una que hace muchos años me acompaña, es la
que expresó el poeta premio Nobel Rabindranath Tagore. Él deseaba “pasar por los caminos de su vida como la primera vez”. Y creo que esta idea puede servir a los profesionales de cualquier oficio para luchar contra la rutina que fácilmente se apodera y vacía de ideales nuestro trabajo, e impide que progresemos en la mejora de las estrategias que enriquecerían nuestra labor. La fuerza con la que este poeta hindú universal expone sus pensamientos y sentimiento me hizo dar vida a la frase y servirme para que cada día, el contacto con los alumnos, me los tomara como un reto, como una nueva aventura, como una fuente de reflexión sobre la experiencia de cada jornada.
Años más tarde completé la frase de Tagore con algo que también me pareció significativo para dar calidad a mi trabajo. La nueva frase podría expresarse así: “Deseo pasar por los caminos de mi vida como si
fuera la primera y la última vez”. Pasar como si fuera la última vez te insta a realizar tu tarea con el máximo
esmero y responsabilidad, sintiéndote satisfecho de ti mismo: preparar los temas no sólo en sus contenidos sino en las formas de exposición y comunicación, en las posibles aplicaciones a la realidad socieducativa.
Pues bien, esto que puede ser útil a lo largo de la profesión, cobra especial significación en el momento actual. Me dispongo afrontar este curso, el último de mi carrera profesional, como la primera vez: con novedad, con ilusión, con disposición a la sorpresa original y creativa de los alumnos, recordando que nunca un curso es igual a otro. Y lo afronto, también como la última vez: con previsión de la mayor eficacia, con disposición a disfrutar al máximo de la sorpresiva originalidad de mis alumnos, de la participación con mis compañeros de docencia, con entrega a la reflexión científica y difusión de los contenidos que pueden repercutir en beneficio del entorno social y humano en que me muevo.
Cuando paso por los pasillos para llegar a mi tutoría, veo las aulas vacías, sin vida. ¡Qué diferencia de
cuando están llenas y en los pasillos pululan murmullos de conversaciones, risas, expresiones verbales y gestuales jóvenes! Las aulas vacías son como los libros olvidados en la librería. Como dice Saramago – otro premio Nobel que vive entre nosotros – “al libro le da vida el lector”, a las aulas le dan vida los alumnos y los profesores cuando interactúan con objetivos comunes, nobles: la formación a través del conocimiento científico.
Con la imagen todavía viva de mi primera aula, hace cincuenta años, y la realidad de la última de este curso,
espero satisfacer uno de mis objetivos personales y profesionales “pasar por los caminos de la vida como la
primera y la última vez”

Garrido Landívar, Jesús (2010) “Las ranas y el efecto Pigmalión.” 43 relatos para una escuela y una sociedad inclusivas.” Editorial Grao Barcelona España

martes, 21 de mayo de 2013

"El significado de educar en un mundo sin referencias"

Este es el título de la conferencia realizada por el gran escritor e investigador francés, Philippe Meirieu  realizada en 2006 en nuestro país en el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación.



En este artículo el autor se permite  reflexionar en torno a la temática de Educar en momentos de crisis, alguna de estas reflexiones:

  • La crisis educativa está ligada al surgimiento de la Democracia, no hay crisis en sociedades totalitarias, tecnocráticas o dictatoriales. Por ello, debemos alegrarnos de la crisis porque eso significa que nadie detenta la verdad educativa, nadie puede decirnos e imponernos cómo debemos educar a nuestros hijos.
  • Esta crisis se ve reforzada por la desligazón entre generaciones, estas se separan cada vez más y no permite la transmisión que antes se recibía de nuestros abuelos o antepasados. Por ello, las soluciones a los problemas no están dadas, el autor pone el ejemplo del celular y la pregunta de cómo sabemos a qué edad es conveniente que nuestros hijos tengan este aparato si nosotros no lo tuvimos. Los padres no pueden usar con sus hijos los métodos que sus padres utilizaron con ellos.
  • La gran dificultad con la que la educación debe lidiar es el estar en contraposición a de lo que es el carburante económico de la sociedad, del consumo individual, la pulsión inmediata y la satisfacción de todos nuestros deseos. 
En relación a esta última reflexión y tomando en consideración la crisis educativa, Meirieu nos habla del aprendizaje de la alteridad, del rostro del otro, tomando a Levinas. La importancia de este aprendizaje por parte de los niños, el trabajo en colaboración, el ver al otro como semejante pero a la vez como un ser distinto. 
Como educadores debemos tomar la responsabilidad de, como dice el autor, refabricar la mesa redonda, abrir espacios donde el diálogo sea lo importante. Ese es el gran desafío de la modernidad y de las sociedades democráticas, si se acepta la diversidad primero se debe aprender a encontrarse.

"(...)Cuando aceptamos la diversidad, el 
encuentro y la creación de la posibilidad del 
encuentro hacen al fundamento mismo de la 
sociedad, solo hay sociedad en torno de la 
mesa redonda o bajo la influencia de un jefe, 
pero como queremos democracia tenemos 
que construir esas mesas redondas."

Fuente: Philippe Meirieu (2006) "El significado de educar en un mundo sin referencias" Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. Dirección Nacional de Gestión Curricular y Gestión Docente 
Área de Desarrollo Profesional Docente. Institutos de Formación Docente