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miércoles, 25 de julio de 2018

La evaluación en el escenario educativo

Cuando hablamos de evaluación, sabemos que la misma ocupa un rol central en el escenario educativo, pero también, que es el componente de los sistemas educativos menos permeable a los cambios, como explican Anijovich y Cappeletti (2017).

imagen extraída de google

Las autoras plantean dos posiciones opuestas respecto a las concepciones de evaluación:
Una de ellas, plantea que la enseñanza se trata de que los estudiantes reproduzcan secuencias organizadas de contenidos, hablamos de sujetos de aprendizaje, desde un conocimiento declarativo, y donde la evaluación se centra en la acreditación y promoción.
Otra, plantea que la enseñanza debe estar orientada a favorecer la búsqueda de alternativas, el estudiantes es un sujeto de conocimiento, donde lo que importa es cómo utiliza los conocimientos en situaciones diversas.

Cuando hablamos de evaluar, es habitual dicen las autoras, que se tienda a hacer foco en la identificación de errores más que en la contribución al aprendizaje. Es por ello que se preguntan por qué ocurre, y desde los aportes de Astolfi (2003) plantean que el estrés, la angustia y el miedo al error en el ámbito escolar esta relacionado con la falta de sentido de actividades que no llegan a decodificar. La evaluación que resulta valiosa es aquella que contribuye a una instancia más de enseñanza y aprendizaje.

Se debe hacer foco en la función pedagógica de la evaluación, sin desmerecer la certificación, pero diferenciándola. En esta función, la evaluación es formativa, dado que aporta información útil para reorientar la enseñanza, y tiene la intención de contribuir a los logros de los estudiantes. 

Evaluar para aprender
Las autoras nos hablar de un modo de integrar la evaluación con la enseñanza y el aprendizaje de forma más auténtica y desafiante. Este modo se instala dentro del paradigma de la evaluación formativa donde lo complejiza y amplía, ya que se destaca el efecto retroalimentador de la información y el lugar destacado que ocupa la noción de avance.
Es así como se diferencia "evaluación para el aprendizaje" de "evaluación formativa", donde la primera apunta a pensar enseñanza y aprendizaje, donde se hace referencia a un futuro inmediato, y donde los beneficiarios son alumnos y docente en el aula específica. En la segunda, identificamos que se propone como un enfoque, implica períodos largos y se beneficia alumnos y docentes en diferentes contextos.

Tal como se explica, la evaluación para el aprendizaje se entrama en un sistema que incluye el currículum, la cultura escolar y las formas de enseñar (Anijovich y Cappeletti, 2017).

martes, 28 de noviembre de 2017

El desafío de ser maestro. La responsabilidad de arriesgar. Por Luis Iglesias

En esta oportunidad, les acercamos un texto de un grande: el maestro Luis Iglesias. Este texto y este autor es parte de la bibliografía del seminario virtual que está finalizando, "Los Niños del Siglo XXI" Es un un texto que nos convoca a reflexionar sobre nuestro rol docente.
Lo compartimos porque creemos que es necesario leer a Iglesias en nuestra formación docente continua, reflexionando sobre lo que dijo hace ya tiempo atrás pero que tanto nos sirve hoy.

Sobre el autor...
Luis Iglesias nació en la provincia de Buenos aires en 1915 y falleció recientemente. Se desempeñó como maestro único en la escuela Rural Unitaria Nº 11 de Tristán Suárez, provincia de Buenos Aires durante 20 años y reunió sus experiencia en varios libros, entre ellos: La escuela rural unitaria, Diario de ruta: los trabajos y los días de un maestro rural, Didáctica de la libre expresión, entre otros.




El desafío de ser maestro. La responsabilidad de arriesgar. 

Si tuviera que definir, en unas pocas palabras, el papel del maestro en la educación, utilizaría las siguientes: movimiento, lucha, cambio, transformación, creación, transmisión. Mi práctica pedagógica tuvo esa intención, se encaminó hacia ese desafío: convertir a la escuela en un lugar donde los chicos y yo no nos sintiéramos sofocados por la coerción y el desaliento. Para que eso suceda, es necesario alejarse de la infinita repetición o acatamiento de lo que ya está. Sólo el riesgo de afrontar nuevos caminos con responsabilidad permite enseñar a pensar. Aprender es aprender a pensar. Por lo tanto, reducir la enseñanza a la mera transmisión de información no hace más que coartar las capacidades intelectuales y creativas de los educadores y los educandos. En definitiva, si maestro y alumno se transformaran en engranajes de una máquina podrán fabricar hombres y mujeres cultos, inteligentes y prestigiosos; pero de esta forma siempre resignarán la posibilidad de formar personas capaces de pensar y crear escuelas nuevas. Y por qué no decirlo: una enseñanza estandarizada y rutinaria claudicará a la posibilidad de crear un mundo nuevo. 
Pensar la práctica pedagógica no implica sólo pensar en los niños, es una de las maneras que el maestro tiene para crecer y conocerse a sí mismo. Los caminos que ofrece esta tarea son – por lo general – variados, múltiples, imprevisibles y difíciles. En este sentido, la forma en cómo nos pensamos como docentes, en cómo nos apropiamos de nuestra práctica será definitoria. No hay una concepción pedagógica a la cual hay que amoldarse, y quizás por eso es necesario arriesgar y quizás es también por eso que sea difícil y apasionante. Ser maestro implica, fundamental y esencialmente, ser una persona que piensa, reflexiona y decide. La misión del maestro debe tener, entonces, un sentido humanista y liberador. Son esos condimentos lo que permiten que el educador se encuentre con sus alumnos en los caminos de la expresión, la creatividad y la manifestación de sus vivencias y pensamientos.
La labor del maestro es inevitable e insustituible. No hay sistema, programa ni método que pueda con la imprescindible necesidad de tener un maestro frente a los alumnos. Y es en ese sitio donde debe cumplir, sin excusas, la irrevocable misión de enseñar. Casi está de más decirlo, pero el educador debe ser incontrastablemente eficiente. Esto no significa terminar el programa en los tiempos establecidos, o hacer todo lo que dicen que se debe hacer. Ser eficiente implica hallar o inventar recursos propios e instrumentos que permitan crear las condiciones para enseñar y aprender. Éste es, tal vez, el modo más valiente de buscar esa eficiencia. Porque no hay buenos resultados sólo, con la implementación de recetas que indiquen qué se debe hacer en cada situación o cómo se debe reaccionar ante la eventualidad de lo imprevisible.
El desafío del maestro es buscar la eficiencia en la particularidad de su aula, de sus alumnos de sus adversidades y de sus posibilidades. En el manejo peculiar de estos factores está buena parte de la responsabilidad del maestro, siempre y cuando éste pretenda que su tarea esté empapada de libertad, autonomía y creación. Eso, sin dudad, es concebir a la enseñanza en un camino liberado de restricciones caprichosas y hacerla proclive a una inventiva que busque la eficiencia en el momento de enseñar y de aprender. 


Iglesias, Luis F.( 2004 ) Confieso que he enseñado. Editorial Papers Editores. Buenos Aires,

viernes, 21 de noviembre de 2014

¿Por qué tener en cuenta los conocimientos previos de nuestros alumnos?

Nuestra tarea como docentes es enseñar nuevos contenidos, esto debe responder a la pregunta que nos hacemos en el nombre de esta entrada. Es necesaria la planificación de nuestras clases dándole un papel importante a lo que los alumnos traen y saben.

Imágen Extraída de google

El conocimiento que tienen los niños sobre el mundo social es el punto de partida para adquirir nuevos saberes, esto responde al proceso de construcción del conocimiento (Aisenberg, S. 2007) Esta articulación no es sencilla, ya que en la práctica suele atenderse a uno de los dos aspectos. Es decir, o se trabaja solo atendiendo a nuevos contenidos, y de esa forma la apropiación será de forma mecánica y poco significativa, o se centra solo en los conocimientos previos, lo cual confunde y provoca información reiterada que los niños ya conocen.
Se trata entonces de usar los conocimientos previos como recurso metodológico para que los nuevos contenidos sean asimilados significativamente. La propuesta de actividades que planteen situaciones como preguntas, problemas, etc, que promuevan discusiones y alienten al armado de hipótesis son necesarias. Pero debemos tener en cuenta que esto será significativo si está claro sobre lo que se discute, se fundamentan estas discusiones e ideas, se confrontan ideas y nuevos contenidos.

"Para lograr una articulación es preciso que en el proceso de planificación y conducción de la enseñanza tengamos muy claro, en primer lugar, qué es los que queremos enseñar y para qué. Y en segundo lugar, que planteemos el desafío del cómo."

Aisenberg, B. (2007)  "Para qué y cómo trabajar en el aula con los conocimientos previos de los alumnos: un aporte de la psicología genética a la didáctica de estudios sociales para la escuela primaria" en Aisenberg, B. y Alderoqui, S. "Didáctica de las Ciencias Sociales. Aportes y reflexiones" Editorial Paidós Educador

miércoles, 9 de abril de 2014

Enseñar bien

¿Qué es enseñar bien? Se pregunta el Lic. Jorge Fasce*, profesor de nuestro Instituto en uno de los materiales editados para los seminarios que tiene a cargo. Una buena propuesta de enseñanza comprende, para el autor:

1. Partir de una situación problemática inicial adecuada.
2. Tener en cuenta los saberes previos de los alumnos.
3. Facilitar los procesos de análisis a través de la síntesis que permiten desentrañar y reestructurar la situación inicial.
4. La participación activa del sujeto que aprende (escuchar, hablar, dialogar, ver observar hacer - escribir, dibujar, graficar, construir, armar, desarmar, etc pensar; querer, desear, valorar).
5. Integración apropiada del trabajo individual, grupal y de clase total
6. Contenidos de positiva significatividad cognitiva, personal y social.
7. Un docente que:
• Prevé con claridad logros y contenidos;
• Diseña o selecciona reflexivamente adecuadas situaciones ¡nidales de aprendizaje;
• Aporta la información necesaria en cada momento del proceso de enseñanza y de aprendizaje a través de sus exposiciones o proporcionándola en las fuentes adecuadas;
• Coordina el desarrollo de la temática de las clases y de la dinámica del grupo,
• Valoriza la actividad del sujeto que aprende como decisiva para un buen aprendizaje;
• Escucha, observa;
• Guía la ejercitación, la revisión, el repaso, la elaboración de síntesis;
• Orienta, corrige, evalúa, se evalúa.
8. Adecuadas condiciones institucionales, de equipamiento, laborales y de formación profesional.

El objetivo de enseñar bien es que los alumnos aprendan bien. Y para ello, el proceso debe finalizar con un aprendizaje significativo, valioso, duradero; mediante una situación problemática que invite a reflexionar, que motive.

Muchas veces este no es un proceso fácil, como parece. Hay muchas cuestiones que se ponen en juego a la hora de enseñar y aprender. 
¿Qué otros ítems podríamos agregar a esta lista? 

* Licenciado y Profesor en Ciencias de la Educación, UBA. Especialista en Gestión de Políticas Públicas en Educación, Universidad de San Andrés. Se desempeñó como Director Nacional de Educación Superior Ministerio de Educación y Justicia de la Nación. Julio 1989 hasta Marzo 1990. Coordinador del Área de Evaluación de la Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación.

martes, 1 de abril de 2014

Instrucciones para enseñar

Este sábado 5 de Abril, damos comienzo a la 1º Clase del Postítulo de Actualización Académica, que tiene como nombre "Escuelas y Docentes del Silgo XXI" y en este comienzo, invitamos a los docentes que piensen ¿Qué debemos hacer como profesores? ¿Cómo debemos enseñar? ¿Cuáles son nuestros roles?... Muchas preguntas con múltiples respuestas. Es por ello que, uno de los ejercicios que brindamos a nuestros alumnos es la lectura de textos sobre nuestro rol.
Les dejamos uno muy interesante de Estanislao Antelo* que nos invita a reflexionar sobre nuestra tarea como docentes. ¿Acuerdos? ¿Desacuerdos? 

Instrucciones para enseñar.
¿Qué hacemos los que enseñamos cuando enseñamos?
“Enseñar es un verbo. Un profesor es alguien  que tiene algo para enseñar, pero además, lo enseña. Si bien  podemos pensar que todos tenemos algo para enseñar, no todos hacemos de la enseñanza un oficio. Los verbos no nos dan tanto la idea de lo que las cosas son sino de lo que se puede hacer con ellas. Enseñar es una tarea, una operación un trabajo, un oficio. Un oficio  es un quehacer, un estilo. ¿Es útil preguntarse por lo que la enseñanza es? Muchos profesores no preguntan que es enseñar, van y enseñan. Más  que preguntarse por lo que la enseñanza es, por lo que es enseñar, quizá convenga preguntarse por lo que la enseñanza produce. Borges solía decir que hay gente que no ama suficientemente la poesía y se dedica a enseñarla. Yo diría que amar lo que uno hace es condición para enseñar.  Pero para poder enseñar un profesor debe estudiar, es decir, apropiarse de múltiples vocabularios. Diría  también que cuando un profesor no tiene nada para enseñar, debe callarse  o dedicarse a otra cosa. La responsabilidad  de enseñar- la responsabilidad de educar- es algo a lo que un país no puede renunciar. “

Instrucción 1
Para enseñar, usted tiene que pasar.
¿Por qué?
Porque un profesor  es un pasador. ¿Qué es  lo que pasa? Por un lado pasa lo que otros le han dado. El Tigres y el Éufrates, la Asamblea del Año XIII, la negra y la corchea, la tabla de elementos y la conjugación de los verbos. Pero un profesor no sólo pasa  lo que otros le han dado sino que pasa también el resultado de su propio trabajo  sobre lo que ha recibido. Esto que pasa se suele llamar, en la jerga de los especialistas, contenidos. Lo que se enseña, según nos dicen, son contenidos. Puede que así sea. Como sabemos los hay para  todos los gustos. Conceptuales, actitudinales, procedimentales, transversales, longitudinales, ambientales, elementales, etc. Se enseñan  además según nos dicen conocimiento, valores, destrezas, etc. sin embargo, el que enseña tiene una forma de pasar los contenidos, los conocimientos, los valores,  las destrezas. El que enseña formatea los contenidos, los prepara antes de pasarlos. Los contenidos son, como lo dice el Ministerio de Educación los define, formas culturales. Pero un enseñante  no sólo les da forma a los contenidos sino que, como veremos les da forma a sus alumnos, y en ocasiones se las quita: forma, deforma, reforma.
El profesor es un formador, un pasador de formas, un formateador. ¿Cómo hemos sido formados?

*Antelo, Estanislao. Instrucción para ser profesor. Pedagogía para aspirantes. Editorial Santillana, 1999 Buenos Aires.

sábado, 16 de febrero de 2013

Estrategias para aumentar la participación y el placer de aprender.




1.- Buscar maneras de mantener a los alumnos activos durante el proceso de aprendizaje. Cuando el alumno está dinámicamente comprometido – con mente y cuerpo – en la captación del sentido y en la integración de ideas y habilidades, participará con gusto en el aprendizaje y dejará de ser un mero observador.

2.- Relacionar los objetivos y temas de estudio con las experiencias de los alumnos. Las experiencias personales son concretas y tienen un valioso contenido emocional. Por ello, reconocer las experiencias de los alumnos y usarlas en el proceso de aprendizaje estimula la motivación intrínseca.

3.- Valorar los intereses, hobbies y actividades extracurriculares de los alumnos. Para relacionar los temas con los intereses y experiencias de los alumnos, el docente deber reconocerlos y valorarlos.

4.- Presentar información y afirmar posiciones contrarias a las ideas de los alumnos, cuando sea necesario. Si los alumnos se ven confrontados con ideas y opiniones contrarias, se sienten estimulados a explorar justificaciones, aclarar hechos o cambiar sus creencias, todos estos procesos requieren un compromiso activo y respaldan la motivación intrínseca.

5.- Respaldar la instrucción con humor, experiencias personales, información casual y anécdotas que ilustren los rasgos humanos del tema. Los alumnos son muy receptivos de los aspectos humorísticos y personales del material de estudio ya que los ayuda a relacionarlo más directamente con su vida y sus sentimientos.

6.- Usar preguntas divergentes y actividades de tormenta de ideas para estimular el compromiso activo. Las preguntas que carecen de respuestas exactas fomentan el pensamiento creativo y estimulan la participación y el deseo de asumir riesgos.

7.- Variar las actividades, manteniendo los objetivos de estudio y la estructura curricular. El docente puede ayudar a los alumnos a prepararse para desafíos inesperados y estímulos múltiples, implementando diversas actividades y enfoques.

8.- Al mismo tiempo que trata de reforzar el interés del alumno por el estudio, el docente no debe rechazar la espontaneidad. Éste debe estar preparado para apartarse de la clase que ha planificado cuando se enciende el interés de los alumnos por un tema que no está directamente incluido en la clase.

9.- El docente puede aumentar el grado de entusiasmo que su enseñanza despierta mediante el uso de la voz, los gestos, los movimientos corporales, el contacto visual y la expresión facial. Las actitudes hacia el estudio no se pueden “enseñar”, se captan. Si el docente es negativo, aburrido o torpe, el alumno no puede captar una actitud positiva y entusiasmo hacia el estudio.

10.- El docente debe revisar y redefinir los objetivos de estudio para reconocer su valor y debe también comprometerse en la búsqueda de que todos los alumnos los cumplan. Si desea estimular el interés de los alumnos por el estudio, el docente necesita valorar y comprometerse con lo que está enseñando.


Raffini, James “150 maneras de incrementar la motivación en la clase” Ed. Troquel 1996.- Buenos Aires

jueves, 14 de febrero de 2013

Estrategias para aumentar la autonomía del alumno.



1) Cuando varias actividades apuntan al mismo objetivo, debería permitirse a los alumnos que elijan cuál realizar. Si bien esta sugerencia puede complicar el trabajo del docente, es un método poderoso para establecer la autodeterminación y la motivación intrínseca en clase.

2) Cuando los procedimientos en clase no son críticos, los alumnos deben tener opciones para decidir cómo implementarlos. Cualquier posibilidad de elección, de la amplitud que sea, contribuye a generar autonomía.

3) Siempre que sea posible, los alumnos deberían tener la oportunidad de decidir cuándo, dónde, y en qué orden han de realizar los trabajos asignados. Al enfrenarse con la posibilidad de elegir, los alumnos se ven empujados a comprometerse y este compromiso produce conductas autónomas e intrínsecamente motivadas.

4) Se debe generar un ámbito psicológicamente sano en el que los alumnos puedan arriesgarse a tomar decisiones. Los sentimientos de inseguridad y la falta de confianza en sí mismo dificulta los alumnos la posibilidad de elegir entre varias alternativas. Proteger a los alumnos del ridículo y de la crítica de otros y recordares que los errores son parte natural y necesaria del proceso de aprendizaje puede ayudar a crear un ámbito psicológicamente sano en la clase.

5) Cuando es necesario restringir o limitar el comportamiento de los alumnos es aconsejable explicar con claridad las razones lógicas que obligan a establecer esos límites. “porque yo lo digo” no es una buena razón.

6) Cuando es necesario restringir o limitar el comportamiento de los alumnos se deberían reconocer los propios sentimientos en conflicto, entonces los alumnos sentirán que el docente los comprende.

7) Cuando es necesario restringir o limitar el comportamiento de los alumnos deberían utilizarse los controles mínimos necesarios. Cuando se presenta la necesidad de establecer controles externos, usar el mínimo posible ayudará al docente a lograr sus objetivos y aumentará la probabilidad de que los alumnos internalicen la necesidad de la restricción.

8) Cuando el comportamiento de algunos dificulta el proceso de enseñanza pueden usarse consecuencias lógicas en lugar de castigos. Las consecuencias lógicas ponen de manifiesto la realidad del orden social en lugar del poder personal del docente, por ello es probable que aumenten el sentido de autonomía ayudando a los alumnos a asumir la responsabilidad de su conducta. El castigo , en cambio, pone la responsabilidad en el docente.

9) Siempre que sea posible, debería alentarse a los alumnos a desarrollar la capacidad de proponerse metas individuales para definir, monitorear y lograr objetivos propios. Ayudar a los alumnos a verbalizar y afirmar metas realistas aumenta la motivación intrínseca porque pone en sus manos el control de sus aspiraciones y comportamientos.

10) Es necesario evitar establecer juicios por las acciones de los alumnos (correcto, errado, bueno, malo) en cambio, la responsabilidad de los alumnos debería ser consecuencia de sus elecciones. Los alumnos aprenden a evaluar alternativas cuando se sienten responsables de las consecuencias de sus elecciones y no cuando son juzgados o etiquetados.


Raffini, James “150 maneras de incrementar la motivación en la clase” Ed. Troquel 1996.- Buenos Aires

lunes, 11 de febrero de 2013

Ser maestro hoy



Lo valioso de ser enseñado
Lic. Jorge Fasce
Profesor en Ciencias de la Educación 


En la nota de hoy, intentaré describir las características éticamente valiosas que deben tener los contenidos a enseñar y qué es lo valioso de ser enseñado.

Abstract 1.1

“Enseñar bien” desde un correcto punto de vista técnico, fundado en sólidas bases científicas es necesario e indispensable pero no suficiente para obtener resultados significativos para los alumnos en lo personal y para el bienestar social en general.

La tarea de enseñar, el proceso de aprender y los contenidos a trabajar deben estar “guiados por los valores de vida, libertad, bien, verdad, paz, solidaridad, tolerancia, igualdad y justicia” (artículo VI de la Ley Federal de Educación, en los C.B.C. para la E.G.B.; Cap. Formación ética y ciudadana; pag. 331; M. de C. y E.  de la Nación; segunda edición, 1995).

Tampoco basta con “estar guiados” por esos valores, todo el trabajo de la escuela y todas las actitudes del personal deben buscar orientar a los alumnos hacia ellos y más aún: todas las conductas docentes deben responder a ellos, deben ser hechos “con y en ellos” (con y en dichos valores).

Cuando uno se “mete” con estos temas corre el riesgo de caer fácilmente en el discurso del  “deber ser” alejado de la realidad y de la cotidianeidad y empieza a sentir que uno mismo y los lectores estamos fatigados de discursos filosóficos ineficaces para entender y resolver las acuciantes demandas de cada día. Pero esto es casi inevitable, ya que entramos en el campo de los fines y de la ética, sin embargo: valores, ética y fines – su presencia o su ausencia- atraviesan cada momento de nuestra labor en la escuela y por lo  tanto, los vamos a encontrar en cada lugar, en cada instante y en cada acto de enseñanza apenas los busquemos un poquito y cada lugar, cada instante y cada acto deben ser pensados y vivenciados con ellos si queremos que nuestro trabajo tenga sentido para  nuestros alumnos, su comunidad y nuestra sociedad.

En la primera nota de esta serie, dije que la escuela argentina y sus docentes ejercitan a diario valores como la solidaridad,  la honestidad, el estudio, el esfuerzo, el trabajo, el compromiso y la participación. Y lo destaqué como patrimonio de nuestras instituciones, de su trabajo y de su historia, que deben ser conservados. Este ejercicio cotidiano y constante de lo “valioso” es un material de enseñanza que conforma un clima que los alumnos van aprendiendo porque lo viven. La escuela no está sola en esta tarea: las familias, los buenos medios de comunicación, los clubes, las sociedades barriales, las iglesias hacen lo suyo en esta dirección.

Pero también advertí que la escuela suele tener, en su propio interior, islotes, vetas, vestigios de paternalismo, autoritarismo, individualismo, egoísmo, competencia impiadosa, formalismos vacuos, trabajos no significativos, esfuerzos infecundos y rutinas empobrecedoras que deben ser encontrados, reconocidos, problematizados allí donde se encuentren y transformados en posibilidades de enseñanzas y aprendizajes valiosos. También las dificultades que se dan en la vida familiar, la circulación de contra-valores en los medios de comunicación, las desigualdades en el desarrollo económico, las transformaciones no siempre beneficiosas del medio natural configuran una sociedad cambiante, compleja, difícil de ser vivida, muchas veces contradictoria y otras más contrapuesta a la labor valiosa, valorativa y valorizante de la escuela.

La relación de la escuela con una sociedad con tendencia a  ser cada vez más fragmentada, más desigual, más individualista, más impiadosamente competitiva, más materialista, más consumista, más agresiva, más violenta, más destructiva, más de vivir el presente despiadado del instante (desconsiderando al pasado y al futuro) es una relación dramáticamente difícil que puede adoptar (de hecho adopta) algunas formas sanas y otras no convenientes: la escuela puede someterse ante la realidad y declararse impotente, paralizada y recluirse en un accionar vano de rutinas y formalismos. Puede sobrevalorarse, sentirse omnipotente, caer en una visión egocéntrica de sí misma, negando la influencia del entorno y terminando en un accionar ineficaz como todo aquel basado en la ceguera autorreferente de la omnipotencia. Puede dilatar los contactos temerosa de un encuentro que es difícil, complejo, conflictivo y peligroso pero que podría ser apasionante, enriquecedor, valioso para ella y para el entorno y empobrecerse en la prolongada evitación del riesgo vivificante (que da vida) de la relación o puede arriesgarse (correr el riesgo, sí) de encararla (pensar con las familias las formas de educación de sus hijos, analizar críticamente en las clases las propuestas y los mensajes de los medios masivos de comunicación, reflexionar con los jóvenes sobre las normas de convivencia de los grupos en los que participan, juntarse con las varias instituciones de la comunidad para idear proyectos conjuntos) y problematizarla, intentando modificarse y modificarla. Asumiendo una tarea muy difícil, pero la única que puede enriquecerla  y hacer apasionarse a las personas que enseñan, aprenden, trabajan y viven en su seno.

En el párrafo anterior he hablado de las potencialidades y posibilidades actuales y reales de la escuela para enseñar lo valioso y de la colaboración que puede hallar en diversos sectores de la comunidad, también sobre sus propias dificultades y obstáculos así como de los que le puede presentar la realidad circundante. Es en el reconocimiento, la reflexión y el trabajo  con esas capacidades y esos inconvenientes donde se halla el camino hacia una enseñanza significativa  y valiosa.

Sólo reflexionando, actuando, cuestionando, cuestionándose, haciendo, corriendo riesgos, sintiéndose (y siendo) POTENTE (no impotente ni omnipotente) es como cada escuela puede ser valiosa, puede acrecentar su autoestima y puede “sentirse bien”. Pero esto  mismo le pasa a cada docente: sólo sintiéndose auténticamente protagonista puede superar las enormes dificultades de su tarea, la falta de reconocimiento, la crítica muchas veces infundada e injusta. Sólo siendo actor puede llegar a empezar a “bancarse” el riesgo del cambio y el placer de la tarea gratificante. Para los alumnos también es la única manera de motivarse. Hace unos meses, me decía un sagaz profesor de historia: “hay una sola manera de interesar auténticamente a los alumnos en el aprendizaje de historia dentro de una cultura que ha decretado el reinado absoluto del puro presente (una cultura que no considera el pasado ni el futuro) y es empezar por plantearles este problema a ellos, que éste sea el contenido primero, primigenio y privilegiado de la enseñanza, hacerlos protagonistas del problema, hacerles sentir que pueden pensar sobre ello, que son capaces de que ESE sea SU problema”. En síntesis: que sean activos sujetos de su aprendizaje, que sientan que valen, que el docente cree en su capacidad y que trabajen con ella. Hay una sola manera: hacer sentir y vivir al  alumno que creemos en él como actor decisivo de su propio proceso de aprendizaje y lo acompañamos durante su desarrollo.

En síntesis,  lo valioso de ser enseñado son aquellos contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales que resulten significativos para el alumno en lo cognitivo (porque posee conocimientos previos sobre el tema y estructuras y procedimientos intelectuales para apropiarse de los nuevos aprendizajes) y en lo personal (porque convocan su auténtica participación, su intensa acción intelectual, afectiva y valorativa – y corporal cuando corresponda – reforzando su autoestima, su autonomía y su solidaridad). Que transmiten valores en un clima áulico e institucional que los ejercita durante un proceso en el que el alumno se informa, reflexiona, dialoga, discute, escucha, lee, escribe, inventa, repite, duda, se apasiona, se enoja, goza, se aburre, sufre, observa, investiga, descubre, trabajando con todos sus compañeros, en pequeños grupos o individualmente, potenciando sus posibilidades y luchando con sus dificultades. Orientado por un docente, por un equipo docente en realidad, que planifica y diseña la enseñanza, informa; coordina la temática, la tarea y la dinámica del grupo y de cada alumno; observa, escucha, dialoga, supervisa, orienta, corrige, duda, se apasiona, se enoja, goza, se aburre, sufre, evalúa potenciando sus posibilidades y luchando con sus dificultades (no es una mera repetición por descuido o por error de estilo) en una institución que planifica, reflexiona, se abre, se evalúa, se relaciona con otras instituciones, potenciando sus posibilidades y luchando con sus  dificultades. Insisto: no es esto una mera repetición por descuido o por error de estilo sino la única forma de que  tanto esfuerzo  VALGA para cada alumno, para cada docente, para la propia institución y para la comunidad.

                                                                                               

jueves, 7 de febrero de 2013

Para reflexionar antes del inicio de clases



Les proponemos reflexionar acerca de su práctica docente a partir de las siguientes preguntas

¿CÓMO ES SU MANERA DE ENSEÑAR?



  • Características que tiene y que no quisiera que cambien.
  • Características que tiene y que quisiera que cambien.
  • ¿Con qué está conforme?
  • ¿Qué no funciona bien?
  • Características que NO tiene y que NO quisiera que adquiera su manera de enseñar
  • Características que NO tiene y que quisiera que adquiera.




¿CÓMO ES LA MANERA DE APRENDER DE SUS ALUMNOS?




  • Características que tiene el aprendizaje y que no quisiera que cambien. ¿Con qué está conforme? 
  • Características que tiene el aprendizaje y que quisiera que cambien. ¿Qué no funciona bien?
  • Características que NO tiene y que NO quisiera que adquiera
  • Características que NO tiene y que quisiera que adquiera.



¿CÓMO SON LOS CONTENIDOS?



  • Características que tienen los contenidos y que no quisiera que cambien.
  • Características que tienen y que quisiera que cambien.
  • Características que NO tiene y que NO quisiera que adquieran .
  • Características que NO tiene y que quisiera que adquieran.